A veces no sé quién soy.
Me he buscado tantas veces, y recuerdo haberme encontrado… al menos un par.
Pero hoy regresan esos pensamientos densos, existenciales, que entorpecen el fluir de mi día.
Dicen que todos pasamos por esto alguna vez.
Pero cuando sucede, se siente como si una caminara sola entre escombros invisibles.
Tal vez sea porque esta búsqueda es íntima, silenciosa, inconfesable.
Quise ser escritora.
También nadadora olímpica.
Quise ser antropóloga forense y vivir en silencio, entre huesos y secretos.
Quise ser poetisa, pero nunca sentí tener el talento suficiente.
En otro momento me soñé teatrera, aunque me asustó el hambre.
Lo que más he querido —y aún quiero— es ser artista.
Y ni siquiera para eso, me digo a veces, soy buena.
Y sin embargo, aquí estoy.
Escribiendo.
Con las manos llenas de intentos y los bolsillos rotos de tantos comienzos.
Quizá no se trata de llegar a ser algo definido.
Quizá la búsqueda es, en sí misma, la forma más honesta de existir.
Tal vez no hay que ser buena, basta con ser sincera.
Y en este instante, al menos por un momento, me encuentro.
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